¿POR QUÉ MI HIJA NO ME CUENTA NADA Y EVITA HABLAR DE LO QUE HACE CUANDO ESTÁ CON SU PADRE Y SU NUEVA PAREJA?

Llega tu hija de pasar el fin de semana con su padre. La notas un poco seria, y no te recibe con ese abrazo intenso de reencuentro que tú estabas esperando.

Intentas disimular, pero te resulta complicado ocultar la decepción que sientes.

Y entonces preguntas: ¿Qué tal hija? ¿Cómo ha ido el fin de semana? ¿Qué has hecho?

Ella contesta seca y con una evasiva: “Bien, nada”, “No lo sé” “No me acuerdo” y cambia de tema: “¿Qué hay para merendar?”

Fin de la conversación.

Y esta es la situación que se repite en ocasiones cuando nos reencontramos con nuestras hijas e hijos después de pasar uno, dos días, o una semana sin verles.

Primero nos preguntamos por qué hace eso y, segundo, conectamos enseguida con nuestro discurso interior:

“No tiene ganas de estar conmigo, se lo pasa mejor allí”, “Seguro que han estado con la novia y no me lo quiere explicar”, etc…

Y es que hay diferentes motivos por los cuales nuestros hijos e hijas, en ocasiones, prefieren no explicar nada o más bien poco de lo que viven cuando están con el otro progenitor.

En este artículo te explico dos de los motivos más habituales:

1- LO QUE EL NIÑO VIVE CON EL OTRO PROGENITOR FORMA PARTE DE SU INTIMIDAD EMOCIONAL:

Debemos tener en cuenta que cuando nos separamos, madres y padres continuamos con nuestras vidas por separado y, en esa nueva vida, integramos a nuestros hijos e hijas el tiempo que están con nosotros. Pero con los niños esto no es así, los niños empiezan una nueva vida dividida en dos:

Dos casas diferentes con habitaciones y objetos diferentes, rutinas y hábitos diferentes en cada casa, actividades diferentes y relaciones con diferentes personas.

El proceso de adaptación que necesita hacer un niño es considerable. Todo ello conlleva para los niños un esfuerzo a nivel cognitivo y emocional que, a veces, para algunos pequeños resulta complejo: dependerá de su capacidad de adaptación pero sobre todo del vínculo de apego y de relación que tienen con cada uno, así como de las condiciones que existan en cada hogar, calidad de las relaciones, etc…

Por lo que cuando están en una casa lo que hacen los niños es “adaptarse” a lo que hay allí. Sea esto de su agrado o no. Puesto que la función adaptativa forma parte de nuestra condición humana.

Que no nos quiera contar nada no tiene por qué significar que no estén bien en el otro hogar. Tal vez simplemente no tienen esa necesidad puesto que creen que forma parte de su “otra vida” con el otro progenitor.

Si yo le pregunto a mi hija qué ha hecho o con quien ha estado, de alguna forma estoy invadiendo su espacio emocional a la vez que dificultando la adaptación que le toca hacer ahora que ya está con nosotras en su “vida con mamá”.

Por explicarlo de una forma sencilla: “su cerebro le pide desconectar de ese lugar para conectar con este otro”.

Aquí no me voy a extender de forma explícita sobre qué podemos hacer padres y madres para ayudar a nuestros hijos en este proceso de adaptación porque no es exactamente el tema que nos ocupa, aunque podrás intuir algunas cosas a partir de la información que voy a compartir. Pero sí que es necesario tener esta realidad en cuenta a la hora de comprender que esta sea una de las posibles causas de por qué al niño no le apetece explicar nada de lo que hace en la otra casa.

En esta situación es necesario respetar la no necesidad de nuestra hija de explicar nada. Por lo tanto, lo mejor, en vez de preguntar, es validar su emoción.

Hacerle saber que estamos ahí por si quiere o necesita explicarnos algo.

Y algo muy muy importante: no juzgar nunca. No juzgar su decisión de no contar nada.

Y, en el caso, que nos cuente algo no hacer ningún tipo de juicio o valoración sobre lo que nos ha contado tipo:

“¿Y os habéis pasado todo el fin de semana en casa, no habéis salido al parque ni nada?”

“Habíamos quedado que no te pasarías todo el fin de semana jugando a los videojuegos”

Tengamos en cuenta que cuando juzgamos, criticamos o simplemente damos nuestra opinión desfavorable sobre algo que han hecho en su “otra vida”, por un lado, estamos fomentando que deje de explicarnos nada si es que lo ha hecho.

Y, por el otro, lado no estoy facilitando que se abra a mí, permitiendo que se comunique conmigo si en algún momento tiene esa necesidad real porque quiere compartir algo con nosotras que le ha sucedido.

2- SABEN QUE NO ACEPTAMOS LA SEPARACIÓN O QUE NUESTRO EX TENGA UNA NUEVA PAREJA:

En el Programa de Acompañamiento a la Separación son muchas las ocasiones en que las mamis me explican que sus hijos se niegan a hablar sobre lo que hacen cuando están con el otro progenitor.

Entre las diferentes situaciones de estas madres suele coincidir que están en ese punto del proceso en que (de alguna forma) todavía no han llegado a la aceptación de la ruptura o no han aceptado la existencia e incorporación de la nueva pareja en la vida de sus hijos e hijas.

 

Y ellas explican: “Yo no les digo nada”, “Siempre les animo para que vayan con su padre y les explico que allí estarán bien”, etc..

 

Pero debemos tener en cuenta que, los niños, lo captan absolutamente todo.

Pues de la misma forma que nosotras somos capaces de sentir que les pasa algo, que algo que no anda bien, gracias a ese mismo vínculo emocional madre-hijo que nos une, ellos también perciben y sienten nuestro malestar emocional.

 

Ese vínculo es bidireccional y por mucho que les digamos o les queramos transmitir que estamos bien, proyectamos a nuestros hijos de forma inconsciente.

 

Y claro una no puede dejar de sentir lo que siente de la noche a la mañana.

No podemos pretender aceptar todo lo que nos está pasando como por arte de magia. No. Porque necesitamos cada parte del proceso para poder llegar a la aceptación. Y eso significa transitar cada una de las emociones del duelo, entendiendo qué nos pasa y haciendo, a la vez, un trabajo de gestión y comprensión de nuestras emociones, pensamientos y creencias.

 

Pues esta es la única forma de llegar a la aceptación del proceso, habiendo aprendido algo de todo ello.

 

Por lo tanto, mi propuesta es la siguiente: aceptemos que todavía no hemos aceptado.

Aceptemos que nuestros hijos estarán bien y podrán expresar lo que sienten y compartir sus vivencias con nosotras cuando nosotras hayamos aceptado la situación.

Mientras, validamos todas las emociones. Las de nuestros hijos y también las nuestras. Es válido estar triste o enfadada, como también lo es expresar lo que siento o no querer o necesitar hacerlo.

 

Acompañar emocionalmente a nuestros hijos en estas situaciones implica por un lado aceptar lo que nos sucede en nuestro mundo emocional, a la vez que somos ese MODELO de superación, a través del trabajo que hacemos para gestionar, comprender, aprender hasta llegar a la aceptación.

 

Podemos crear esa intimidad emocional con nuestros hijos, hablando de nuestras propias emociones y explicándoles qué estamos haciendo para estar poder estar mejor.

Pues si yo como madre quiero que mi hija tenga confianza conmigo para explicarme lo que le sucede cuando necesite hacerlo. Yo tendré que ser antes ese modelo donde ella pueda reflejarse.

Se trata simplemente de ser y actuar de la forma que me gustaría que fueran y actuaran mis hijos.

 

Si necesitas apoyo y orientación para acompañar a tus hijos en esta u otras muchas situaciones que se dan durante el proceso de separación, puedes reservar una sesión de valoración conmigo  (gratuita y sin compromiso) y te explico cómo puedo ayudaros.

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